La médica terminó con una doble fractura del maxilar superior y fue amenazada de muerte.
Una mujer ingresó a un sector restringido del Hospital Papa Francisco de Salta, golpeó en el rostro a una médica, le provocó una doble fractura del maxilar superior y posteriormente la amenazó de muerte. Sin embargo, según expresó el director del establecimiento, Rodrigo Maroni, la agresora no fue detenida durante la intervención policial, una situación que generó indignación entre los trabajadores de la institución.
El episodio ocurrió el martes 20 de octubre, al mediodía, en un hospital que tiene bajo su área de responsabilidad sanitaria a 254.000 habitantes del sudeste de la capital salteña, a los que se suman poblaciones de nueve localidades del Valle de Lerma. El establecimiento cuenta con más de 500 trabajadores y registra más de 180 consultas diarias solamente en su Guardia Médica.
Maroni calificó lo sucedido como un punto de quiebre en la historia del hospital y cuestionó tanto la respuesta policial como la falta de personal de seguridad para proteger a los profesionales y a los pacientes.
«Yo creo que es un hecho que es un punto de inflexión, un punto de quiebre en lo que es la historia tan corta de uno de los hospitales más jóvenes de la provincia», sostuvo.
El director explicó que, si bien la institución había registrado situaciones de violencia verbal e intimidaciones, especialmente después de la pandemia, nunca había enfrentado un episodio de semejante gravedad.
La agresora no fue detenida y Maroni cuestionó la actuación policial
Uno de los aspectos que más indignación generó entre las autoridades del hospital fue lo sucedido después del ataque.
Según relató Maroni, la médica agredida llamó al 911 y dos efectivos policiales acudieron al establecimiento. Sin embargo, el director aseguró que la mujer que había protagonizado la agresión no quedó bajo custodia durante ese procedimiento.
«No lo sé, es la segunda ofensa en este mismo caso. Acá hay una ofensa hacia el trabajador de la salud pública», respondió al ser consultado sobre los motivos por los cuales no se había concretado una detención.
El director sostuvo que la situación resultó especialmente grave porque la profesional no solamente había recibido un golpe que le provocó fracturas, sino que además fue nuevamente insultada y amenazada de muerte después del ataque.
«La segunda ofensa que sentimos es la liviandad con la cual no tan solo la retiraron y no la pusieron en custodia, sino que la acompañaron a que ella nos denunció a nosotros», cuestionó.
Maroni explicó que, al tomar conocimiento de lo ocurrido, dispuso que la mujer no pudiera continuar dentro del hospital.
«Le dije que estaba prohibido su ingreso y les dije a los oficiales que la retiren del hospital porque no debía permanecer en el hospital», afirmó.
Consultado sobre si la agresora continuaba en libertad al momento de la entrevista, aclaró que desconocía su situación posterior.
«No lo sé, no lo sé», respondió.
El director manifestó su preocupación por lo que consideró una respuesta insuficiente frente a un hecho de violencia de extrema gravedad.
«Yo quiero saber si la sociedad va a permitir esto, cuánta distorsión hay en los valores que tenemos como sociedad, en el pacto social de convivencia, de tolerar este tipo de cosas. Esto es intolerable, inadmisible e injustificable. El hecho y que no haya consecuencias para quien lo hizo», expresó.
Un hospital que atiende a 254 mil habitantes y recibe más de 180 consultas diarias en la guardia
La agresión volvió a poner en discusión las condiciones de seguridad del Hospital Papa Francisco, ubicado en barrio Solidaridad, en una de las zonas de mayor demanda sanitaria de la ciudad.
Maroni explicó que el establecimiento tiene una amplia área de responsabilidad, que abarca a cientos de miles de habitantes de la zona sudeste de Salta Capital y se extiende hacia localidades del Valle de Lerma.
«Nosotros nos ocupamos de 254 mil habitantes del sudeste de la capital. A eso se le suman las nueve localidades del valle», detalló.
El director remarcó que el hospital funciona como un soporte fundamental para una parte importante de la población y que sus más de 500 trabajadores desempeñan tareas en un contexto de elevada demanda asistencial.
Solamente en la Guardia Médica, según indicó, se atienden más de 180 consultas por día.
«Atendemos más de 180 consultas por día en la Guardia Médica«, precisó.
Maroni sostuvo que estas características deben tenerse en cuenta al momento de definir la distribución de los recursos destinados a seguridad.
En ese sentido, explicó que el establecimiento se encuentra en un área con características sociales y demográficas particulares, que requiere medidas de protección adecuadas.
Consultado sobre si consideraba peligrosa la zona donde está ubicado el hospital, respondió: «Yo lo denominaría como un sitio de mayor sensibilidad».
Sin embargo, aclaró que los episodios violentos son excepcionales y que la mayoría de los pacientes y familiares mantiene una relación positiva con los trabajadores.
«La enorme y abrumadora mayoría de la población valora a esta institución, a la gente, a los más de 500 trabajadores. Son muy escasos los eventos», destacó.
De siete vigiladores por turno a solamente dos para todo el hospital
Uno de los datos más preocupantes que aportó Maroni está relacionado con la reducción del personal de vigilancia privada.
Según explicó, durante los últimos cuatro o cinco años el establecimiento perdió aproximadamente el 80% de los agentes que cumplían funciones de seguridad.
«Antes eran continuamente seis a siete en cada turno, matutino, vespertino y nocturno, y hoy tan solo hay dos para todo el hospital», denunció.
El director explicó que los agentes de seguridad privada no portan armas de fuego y cumplen principalmente funciones disuasorias. Sin embargo, consideró que su presencia resulta fundamental para evitar situaciones de violencia.
Maroni sostuvo que disponer de vigiladores en sectores sensibles, como las áreas de internación, terapia intensiva y unidad coronaria, permite disminuir el riesgo de agresiones contra médicos, enfermeros y otros trabajadores.
«La presencia de seguridad privada en todos los sectores, tanto en el sector de internación del primer piso, de la entrada de terapia, de la entrada de la unidad coronaria, minimiza enormemente el hecho de que alguien quiera envalentonarse contra el personal de enfermería, contra el personal de limpieza, contra el personal que lleva el catering de comida», señaló.
Para el director, la reducción de los agentes dejó al establecimiento en una situación de vulnerabilidad que requiere una respuesta urgente.
«Estamos absolutamente vulnerables. No puede seguir esta situación», advirtió.
Un destacamento policial lleva dos años vacío dentro del hospital
A la reducción de la vigilancia privada se suma otro problema señalado por Maroni: el Hospital Papa Francisco cuenta con un espacio especialmente acondicionado para instalar un destacamento policial, pero permanece sin funcionar desde hace dos años.
El director aseguró que trasladó este reclamo al secretario de Seguridad, doctor Vilches, durante una comunicación mantenida el mismo día de la entrevista.
«Se lo hice saber hoy al secretario de Seguridad, Juan Vilchez, que el hospital hace dos años que tiene vacía una dependencia totalmente acondicionada para un destacamento policial interno, como tienen todos los otros hospitales», explicó.
Maroni cuestionó que otros establecimientos sanitarios de la capital cuenten con vigilancia privada y presencia policial, mientras que el Hospital Papa Francisco no dispone de ese mismo esquema de protección.
«Los otros cinco hospitales de la ciudad capital están en el macrocentro, en otra región, en otra realidad urbanística y en otra realidad social. Y cuentan con vigilancia privada y vigilancia y consigna policial. Nosotros no», afirmó.
El director insistió en que la ubicación del hospital, su área de responsabilidad sanitaria y la cantidad de personas que concurren diariamente justifican la necesidad de reforzar la seguridad.
Cómo ocurrió el ataque que dejó a una médica con una doble fractura
La agresión se produjo dentro de una sala privada destinada al personal médico, ubicada en el primer piso del hospital.
Se trata de un espacio restringido donde los profesionales utilizan computadoras para consultar estudios, imágenes y resultados de laboratorio, además de desarrollar tareas vinculadas con la atención de los pacientes.
Según relató Maroni, una mujer adulta, hija de un paciente internado, ingresó intempestivamente al lugar y golpeó en el rostro a una médica que se encontraba trabajando junto a otros cuatro profesionales.
«Entró intempestivamente a la sala de estar, donde no tan solo estaba la profesional agredida, sino que había otros cuatro colegas que presenciaron el hecho, y esta familiar adulta le dio una agresión física que constituye un puñetazo en el rostro», describió.
El golpe provocó una doble fractura del maxilar superior.
«La consecuencia es una doble fractura de un hueso que tenemos en el rostro, que se llama el maxilar superior», confirmó.
La médica debió recibir asistencia y se encuentra bajo licencia laboral por ART.
Maroni explicó que todavía no se había determinado si necesitaría una intervención quirúrgica ni cuáles podrían ser las secuelas de las lesiones.
«No sabemos las secuelas, no sabemos si va a ser intervenida o no», indicó.
La mujer había recibido explicaciones sobre la salud de su padre
Al reconstruir los momentos previos al ataque, Maroni explicó que el paciente estaba internado por un cuadro respiratorio y que había reingresado al hospital el día anterior.
El hombre había tenido otra internación aproximadamente dos semanas antes, también por un problema respiratorio similar.
Según el director, no existían antecedentes de conflictos entre el paciente, su familia y los profesionales que lo atendían.
La médica había examinado al hombre y explicado tanto a él como a su hija cuál era su situación clínica y los pasos que se seguirían.
Maroni señaló que el paciente se encontraba lúcido y había comprendido las indicaciones.
Sin embargo, minutos después, la hija solicitó que la profesional brindara nuevamente una explicación a otro familiar que acababa de llegar.
De acuerdo con el relato del director, al no concretarse ese pedido, la mujer ingresó por sorpresa al sector restringido y atacó a la médica.
«Luego de haber revisado al paciente minutos antes de la agresión y haberle explicado al paciente, plenamente lúcido, que entendió muy bien él y su hija, la hija, intempestivamente, al ver que no se cumplía con su pretensión de que se le dé una segunda explicación a otro familiar que había llegado, tuvo la decisión de entrar a un lugar restringido, privado, y tomar por sorpresa a la doctora y agredirla físicamente», expresó.
Después del golpe, la mujer volvió a insultarla y la amenazó de muerte
El ataque no terminó con la agresión física.
Maroni explicó que los médicos que presenciaron lo sucedido asistieron inmediatamente a su colega, la retiraron del lugar y trabaron la puerta de la sala para protegerla.
La directora médica del hospital, Betania Sánchez, acudió al primer piso al tomar conocimiento del episodio.
Mientras la profesional agredida era acompañada para retirarse del sector, volvió a encontrarse con la mujer que la había golpeado.
En ese momento, según el director, la agresora continuó insultándola y llegó a amenazarla de muerte.
«Mientras ella sale de la sala, es avistada por la que unos minutos antes la había agredido y, delante de la directora médica, que había ido a preguntarle por qué había hecho eso, la siguió insultando vehementemente y la amenazó de muerte», relató.
Después de lo ocurrido, Maroni dispuso que la mujer fuera retirada del establecimiento.
También se resolvió el traslado del padre de la agresora a otro centro asistencial, garantizando la continuidad de su tratamiento.
«Le aseguré que iba a seguir su padre teniendo los mismos cuidados sanitarios y que íbamos a agilizar, en las horas sucesivas, el traslado a otro centro», explicó.
El traslado se concretó durante la mañana del miércoles 21 de octubre.
La médica recibe asistencia y el hospital exige mayor protección
El director confirmó que la profesional cuenta con acompañamiento médico, psicológico y multidisciplinario, mientras se desarrollan las actuaciones vinculadas con la agresión.
También explicó que tanto la médica como las autoridades hospitalarias realizaron las denuncias correspondientes.
Maroni destacó que la trabajadora tiene el respaldo de sus compañeros y de la conducción del establecimiento.
«La profesional que recibió esto cuenta con el absoluto apoyo de todos nosotros, porque la conocemos, el nivel de compromiso que tiene, la elevadísima calidad humana y profesional que tiene», expresó.
El director evitó revelar su identidad debido a la existencia de un proceso legal de restricción que, según explicó, debe respetarse.
«Yo no puedo dar mayores detalles para resguardar su identidad, ya que existe un proceso legal de restricción y debemos respetar enormemente eso», afirmó.
Finalmente, Maroni insistió en que la violencia contra los trabajadores sanitarios no puede naturalizarse y que la institución necesita contar con recursos suficientes para prevenir nuevos episodios.
La agresión contra la médica dejó expuesta una situación que el director considera urgente: un hospital con más de 500 trabajadores, una población de referencia de al menos 254.000 habitantes y más de 180 consultas diarias en su guardia cuenta actualmente con apenas dos agentes de vigilancia privada y un espacio destinado a destacamento policial que permanece vacío desde hace dos años.
