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Policiales

Detuvieron al supuesto autor del crimen de Jimena Salas

Los investigadores se apoyan en elementos que observaron en dos fotos: una recuperada del celular de Jimena Salas minutos antes de ser asesinada, y otra de una testigo que la tomó días antes del crimen ocurrido el 27 de enero de 2017 en Vaqueros.

Si bien pruebas de ADN marcarán el rumbo de la nueva investigación, fuentes consultadas señalaron que existirían otros elementos «contundentes» contra Javier «Chino» Saavedra, uno de los tres nuevos detenidos por el crimen de Jimena Salas. Los investigadores se apoyan en elementos que observaron en dos fotos: una recuperada del celular de Jimena Salas minutos antes de ser asesinada, y otra de una testigo que la tomó días antes del crimen ocurrido el 27 de enero de 2017 en Vaqueros. Afirman que la persona que se ve, aunque sin rostro, en las imágenes sería el «Chino» Saavedra.

La ropa, la correa del perro, un llavero del Club Gimnasia y Tiro y una mochila serían algunas de las claves de la investigación. El sospechoso habría usado como método de engaño a un supuesto perrito perdido para ingresar a la vivienda de Salas.

En la foto que tomó una testigo, según indicaron fuentes cercanas a la investigación, el acusado tenía un buzo con mangas largas, de color negro, en pleno verano con el aparente fin de ocultar sus tatuajes. En la foto que tomó Salas, no obstante, se lo vio con una camisa celeste,

Además, en el lugar se encontraron dos muestras de sangre. Una se correspondería a un sangrado más intenso y la otra fue hallada en las uñas de la víctima. «Las lesiones» también serían un elemento firme, según dijo una fuente que se excusó de aportar más datos, ya que impera una reserva de actuaciones dispuesta por la Procuración General de la Provincia, tras los allanamientos y las tres detenciones que hubo el martes.

Según se desprende de la investigación, Javier Saavedra se radicó en Santa Victoria Este desde 2018 «para hacerse pasar por pastor».

Los otros dos detenidos son sus hermanos, Damián y Guillermo Saavedra, quienes viven en el barrio Parque Belgrano de la ciudad de Salta. El movimiento de uno de sus celulares habría quedado registrado en la zona del crimen.

«Es una locura»

La detención de Javier Nicolás Saavedra, en Santa Victoria Este, convulsionó a esa localidad de Rivadavia, y en particular a la orden de misioneros franciscanos de la región, a la que el joven de 33 años acompañó en los últimos cuatro años con una destacada labor en las comunidades criollas y aborígenes del extremo noreste de la provincia.

«En todo este tiempo hemos visto en él a una persona comprometida, sensible y solidaria, a la que no podemos imaginar de ningún modo capaz de cometer un crimen como el que le están imputando. Es una locura y nos dolió mucho ver lo mal que lo trataron. Ojalá pueda tener un justo proceso, le den garantías y puesta estar en libertad hasta el juicio», manifestó un miembro de la comunidad franciscana que tiene como referente al fray Martín Caserta, sacerdote al que la comunidad de Pichanal postuló en 2016 al premio «Abanderados».

En la mañana del martes, Saavedra se encontraba justamente con él en la casa parroquial de Salta Victoria, cuando dos hombres se acercaron y le pidieron agua. Eran cerca de las 10 cuando el joven salió a atenderlos y desapareció de la vista del religioso.

Recién a las 14, con la congregación angustiada, lo regresaron a la casa parroquial, donde recién se presentaron como policías e iniciaron un allanamiento que había ordenado la jueza salteña Ada Zunino a través de un exhorto librado a su par tartagalense Nelson Aramayo con intervención del fiscal de Graves Atentados contra las Personas del distrito norteño, Gonzalo Vega.

«Lo tuvieron cuatro horas dando vueltas en el vehículo torturandolo psicológicamente», afirmaron fuentes franciscanas que ayer expusieron los hechos que rodearon a la detención de Saavedra, mientras el voluntario de la orden era trasladado desde Tartagal a Salta para ser imputado provisionalmente como presunto autor material del crimen de Jimena Salas.

Según las fuentes de la congregación religiosa, el allanamiento a la casa parroquial de Santa Victoria empezó a las 14 y concluyó a las 15,30 con la firma del acta policial. Tras la media, los policías partieron con el detenido hacia Tartagal, donde referentes de la orden franciscana peregrinaron por distintas dependencias hasta las 22, cuando recién se anoticiaron de que Saavedra estaba recluido en las instalaciones de la Brigada de Investigaciones de Tartagal.

Las fuentes de la orden señalaron que el joven se sumó al voluntariado franciscano en el verano de 2018 con una «absoluta entrega humanitaria» frente a la emergencia alimentaria, social y habitacional que padecieron ese año las comunidades criollas y aborígenes de los lotes 55 y 14 por los desastrosos desbordes y anegamientos del río Pilcomayo.

Con respecto a la actividad anterior de Saavedra, quien en 2020 fue incorporado como personal de apoyo por el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, manifestaron antes de sumarse al voluntariado de los misioneros franciscanos del norte el joven tuvo una destacada labor social y comunitaria en la zona capitalina del barrio Floresta.

«Aquí, en Santa Victoria, desde 2018 lo vimos trabajar los siete días de la semana, sin descanso, en las escuelitas deportivas, los merenderos y la entrega de agua en los puestos criollos y comunidades de las etnias wichí, chorote, toba, tapiete y chulupí que conviven en estas sufridas tierras», acotaron las fuentes religiosas.

En diciembre de 2021, una noticia que tuvo gran repercusión nacional, mostró a Javier Saavedra, el voluntario franciscano en abordajes sociales, como uno de los pilares de las 14 escuelistas deportivas contienen a más de 500 niños y niñas en las comunidades aborígenes y criollas. Medios nacionales y provinciales lo destacaron en ese momento, junto a la Fundación River, como uno de los principales responsables de que el proyecto solidario contenido dentro del Club Social y Deportivo Santa Victoria ganara, entre casi mil clubes postulados en todo el país, el «Premio Millonario» de 1.500.000 pesos.

Antes, en mayo de 2021, Saavedra había ayudado a visibilizar a través de un programa multimedios del diario La Nación, denominado «Hambre de futuro», la historia de Kevin Díaz, un joven wichí de La Puntana que cursaba el último año de la secundaria, con 19 años de edad, y soñaba con poder cursar una carrera de universitaria de Letras. Un mes después, Kevin recibió un celular, una computadora y la inmensa alegría de contar con un fondo de becas que, mediante continuos de cerca de 100 donantes, le garantizaría el acceso a una casa de altos estudios con todos los gastos indispensables cubiertos.

En junio, otra nota del diario La Nación remarcaba: «Javier Saavedra es voluntario de los hermanos franciscanos y camina una por una las comunidades originarias de la zona creando espacios de contención para jóvenes y siendo un puente para que puedan alcanzar una educación superior. Gracias a este trabajo es que se conoció a Kevin«. Hoy, ese joven voluntario, está acusado del atroz asesinato de una madre indefensa a la que le asestaron más de 40 puñaladas delante de sus dos pequeñas hijas.

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