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Policiales

Una mujer wichi murió quemada tras una disputa

La mujer, que padecía una discapacidad mental, habría sido quemada con alcohol tras una disputa y en presencia de unas 15 personas que se hallaban ingiriendo bebidas alcohólicas desde temprana hora.

En la madrugada del viernes 18 de agosto en la misión La Cortada de la localidad de Coronel Juan Solá, estación Morillo, en el corazón del Chaco salteño una joven mujer wichi fue hallada con graves quemaduras, desde el rostro hasta la cintura, en una polvorienta calle de esa localidad salteña.

La mujer, que padecía una discapacidad mental, habría sido quemada con alcohol tras una disputa con una tal Graciela y en presencia de unas 15 personas que se hallaban ingiriendo dicha bebida desde temprana hora.

El brutal episodio se produjo cerca de las 4 de la madrugada y los vecinos alertados por los gritos de la mujer llamaron a la policía, cuyo destacamento se encuentra a unas diez cuadras del lugar.

Los uniformados tardaron casi una hora en hacerse presentes, ya que no cuentan con un móvil desde hace seis meses, dijeron calificados vecinos de ese pueblo de Rivadavia Banda Norte, que se halla sobre la traza de la ruta 81.

La mujer originaria, identificada como Yolanda Lávaque, fue asistida en el hospital de Morillo y luego trasladada hacia San Ramón de la Nueva Orán, donde falleció tras una semana de penosa agonía.

Sus restos fueron trasladados hasta Juan Solá (Morillo) el viernes en horas de la noche y la Municipalidad de ese pueblo le donó una caja de madera rústica para que recibiera cristiana sepultura.

El velatorio -según vecinos consultados- no tuvo público. Ausentes todos, solo su única hija (María) rompió el silencio donde la pobreza todo lo calla, las 24 horas del día.

María Lávaque, la hija, relató que ni siquiera le quisieron tomar una denuncia por la muerte de su madre. «Me dijeron que no podía denunciar nada porque yo no había estado en el lugar donde quemaron a mi madre». Así, así me dijeron y me volví a enterrarla. Me quedé sola con mi hija aquí en este ranchito sin nada más que un techo y plásticos. Así se fue mi madre, cansada de sufrir, vencida a los 36 años por el alcohol y las drogas. Ni siquiera me dejaron denunciar a quienes podrían haberla quemado, porque ella no se iba a quemar así, sola», dijo María Lávaque.

Luego denunció la inacción del hospital, la tardanza de la policía y también el estado de pobreza extrema de su gente, de cientos de chicos adictos al alcohol y las drogas.

Consultados periodistas del lugar aseguraron que las adicciones ya diezmaron a las principales misiones de originarios, convirtiéndolas en verdaderos depósitos humanos. «Fueron olvidados y acallados de una manera cruel, que asusta incluso a gente acostumbrada a necesidades extremas».

La fuente agregó que las adicciones al alcohol y las drogas están fuera de control y aseguró que las muertes por quemaduras son muchísimas hasta la fecha.

También dijo que los vecinos de esa localidad necesitan ser escuchados, que los servicios de salud y seguridad están vedados y que ni siquiera tienen un móvil policial para alguna o todas las emergencias.

«Esta es una ruta del narcotráfico, sin embargo estamos a la de Dios«, dijo un vecino y agregó «si alguien sufre un accidente, tiene que ser trasladado hacia Orán. Aquí no hay alta complejidad para nadie y mire que somos miles los que habitamos Morillo«, se quejó.

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