Referentes del oficialismo y la oposición asistieron a la ceremonia en la Basílica de Luján.
La ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la misa por el primer aniversario de la muerte del papa Francisco marcó ayer la jornada en la Basílica de Luján, donde la dirigente cuestionó la «politización» del acto y apuntó contra la «casta», en contraste con la amplia presencia de dirigentes de distintos espacios políticos que participaron de la ceremonia.
La misa se realizó con un templo colmado y reunió a referentes de todo el arco político. En las primeras filas se ubicaron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; y el ministro del Interior, Diego Santilli, entre otros funcionarios del oficialismo. También participaron el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y el diputado Gabriel Bornoroni.
En otra de las filas se ubicó el gobernador bonaerense Axel Kicillof, junto a intendentes, legisladores y funcionarios de la provincia, entre ellos el senador nacional Eduardo «Wado» de Pedro, el ministro de Trabajo bonaerense Walter Correa y la secretaria de Cultura, Florencia Saintout. La convivencia de dirigentes de distintos espacios políticos en un mismo acto marcó un contraste con el clima habitual de confrontación.
La homilía estuvo a cargo del arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, quien llamó a tomar el legado de Jorge Bergoglio y a «superar las divisiones» que marcaron su papado. En esa línea, planteó la necesidad de construir una sociedad más unida: «Nos alegra y anima a seguir construyendo juntos una patria de hermanos».
Sin incidentes ni cruces
El acto se desarrolló sin incidentes ni cruces entre representantes del oficialismo y la oposición, en un clima de recogimiento. Fieles que se acercaron a la Basílica acompañaron la ceremonia con cantos y expresiones de homenaje al pontífice argentino.
En ese marco, la ausencia de Villarruel no pasó desapercibida. La vicepresidenta, que debía asistir en representación del Ejecutivo ante la ausencia del presidente Javier Milei —de viaje en Israel—, optó por no participar de la ceremonia en Luján y eligió asistir a otra misa.
Se trasladó a la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, en el barrio porteño de Almagro, donde fue bautizado Jorge Bergoglio. Desde allí explicó su decisión y cuestionó con dureza la presencia de dirigentes en Luján.
«Vine acá, que es el lugar donde el Papa fue bautizado. La ceremonia en Luján estaba lo peor de la casta política», sostuvo en declaraciones televisivas. Y agregó: «Soy católica, vengo a misa y quiero estar entre mis compatriotas».
La titular del Senado también comparó la situación con otras fechas conmemorativas y criticó la intervención de la dirigencia en actos de carácter simbólico. «Como el 2 de abril, la política se mete en fechas que son de la gente. Yo prefiero estar con la gente, con otros argentinos», insistió.
Su decisión expuso diferencias dentro del oficialismo y contrastó con la imagen de convivencia política que se buscó proyectar en Luján. Mientras en la basílica bonaerense se reunieron dirigentes de distintos espacios en un mismo homenaje, la postura de Villarruel volvió a poner en escena tensiones internas y el debate sobre el rol de la política en actos religiosos y conmemorativos.
