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Política

El Presidente pidió la renuncia de Ginés González García

Vacunaciones de privilegio: El ahora exministro de Salud hizo vacunar a allegados en la sede del ministerio. El episodio fue la culminación de un año de desaciertos en la grave crisis sanitaria.

El escándalo por vacunaciones irregulares, que fue creciendo en estos días en todo el país, estalló ayer cuando se supo que el diputado Eduardo Valdés, el senador y excanciller Jorge Taiana, el operador mediático Horacio Verbitsky y un grupo de empresarios y allegados a Ginés González García habían sido vacunados en la misma sede del Ministerio de Salud por orden de su titular. El Presidente pidió la inmediata renuncia del funcionario y anoche se anunció que la secretaria Carla Vizzotti asumirá hoy a las 17 como ministra de Salud. La nueva funcionaria se hizo muy conocida a partir de la declaración de la pandemia, por su calidad de comunicadora con formación sanitaria. Además, intervino activamente en las negociaciones en Moscú para conseguir la vacuna Sputnik 5. Ahora le espera una ardua tarea para reconstruir la credibilidad. El escándalo representa un golpe a la campaña sanitaria para detener la COVID-19, que Fernández definió como prioritaria y cuyas consecuencias económicas son perceptiblemente dramáticas para la ciudadanía.

El detonante

Las denuncias por vacunaciones de privilegio, que incluyen a intendentes, legisladores, profesionales, militantes y piqueteros, todos vinculados al Frente de Todos, venían aumentando en los últimos días.

Al mismo tiempo, González García había ofrecido muchos flancos débiles desde el comienzo de la gestión. Sus pronósticos iniciales, excesivamente erróneos, y su conducta en la negociación con los laboratorios de otros países fueron mostrando fisuras entre él y Vizzoti, y alimentando la sospecha de que esta última respondía a las expectativas que, en esta materia, plantea Cristina Fernández.

Ayer fue Horacio Verbitsky quien, inesperadamente, relató en la radio El Destape, en términos jocosos, que su «amigo Ginés« le había conseguido un turno en el hospital Posadas pero que luego lo llamaron para vacunarse en la sede del ministerio. Tanto Verbitsky, como Taiana y Valdés son personas mayores y deben ser vacunados. El operativo en cuestión se realizó el jueves cuando especialistas médicos se trasladaron al hospital Posadas -algunos de ellos de alto rango- con una docena de dosis de la vacuna Sputnik V, sin saber a quiénes deberían inocular.

«Llamé a mi viejo amigo Ginés González García, a quien conozco hace muchos años, que me dijo que tenía que ir al hospital Posadas. Cuando estaba por ir recibí un mensaje del secretario de Ginés que me dijo que iba a venir un equipo de vacunadores del Posadas al ministerio y que fuera allí a darme la vacuna. Bueno, fui al ministerio y estaba el equipo de vacunación allí», contó Verbitsky.

La crisis de fondo

En medio de una pandemia con efectos devastadores, como la actual, el problema de los argentinos es que las expectativas alentadas por el presidente Fernández de una vacunación masiva, rápida y exitosa no se han cumplido.

El Ministerio de Salud debió haberle advertido que frente a un nuevo microorganismo, cuya misma naturaleza se está estudiando y que presenta imprevisibles mutaciones, es imprudente prometer vacunaciones antes que las dosis hayan arribado al país. Todos los laboratorios afrontan problemas, pero eso no debería sorprender, porque crear una vacuna requiere tiempo, experimentación y capacidad de producción. El Gobierno había prometido diez millones de personas vacunadas al terminar febrero. Hasta ayer no llegaban a 400.000 los que habían recibido la primera dosis y a 250.000 la segunda. Los trabajadores de la salud que deberían recibirla en primer término son casi 800.000. En tanto, el país recibió cuatro cargamentos por un total de 1.220.000 de ambas dosis de la vacuna Sputnik V, y 580 mil dosis de AstraZenecaOxford fabricada en la India.

 La nueva ministra, una figura de la cuarentena 

La nueva ministra de Salud de la Nación es Carla Vizzotti, una médica infectóloga de 48 años, especializada en el control de enfermedades inmunoprevenibles. Hasta ayer se desempeñaba en la Secretaría de Acceso a la Salud del Ministerio de Salud de la Nación Argentina.

Se formó como médica en las universidades del Salvador y de Buenos Aires. Preside la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología y fue directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles de la Universidad de la salud
A partir de la cuarentena, su figura cobró notoriedad como comunicadora, pero también en la toma de decisiones estratégicas. La exposición diaria le dio también relieve político, que se hizo notorio cuando fue enviada a Moscú en una misión destinada a observar los últimos tramos de la elaboración de la vacuna Sputnik V, convertida para algunas facciones como un botín político, lo que eclipsó su potencial sanitario, científico y profesional.

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