Después de doce días de caminata por cerros, precipicios y extensos caminos de altura, los peregrinos ya superaron el límite entre Salta y Jujuy.
La lluvia, el frío y el cansancio no detienen la marcha. Los peregrinos de Santa Victoria Oeste atraviesan este sábado el duodécimo día de una de las travesías de fe más extensas de Sudamérica, con un objetivo claro: llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro.
Desde las primeras horas de la mañana, familias y voluntarios se instalaron a la vera de la Ruta Nacional 9, en el límite entre Salta y Jujuy, para recibirlos. El contingente había partido cerca de las 6 de la mañana desde el dique La Ciénaga, en Jujuy, y se esperaba su llegada a este punto alrededor de las 10, aunque el clima y el recorrido provocaron una demora.
En medio de una mañana fría y lluviosa, los esperaban café caliente, tortillas, bizcochitos, sándwiches, frutas, agua y golosinas. Pero, sobre todo, los esperaba la solidaridad de quienes desde hace años convierten este lugar en una parada fundamental para los peregrinos.
“Lo hacemos por fe y por pedido”
Trinidad, coordinadora de la peregrinación, contó que este año 57 personas iniciaron el recorrido desde Santa Victoria Oeste, al que luego se fueron sumando peregrinos provenientes de otros lugares.
“Nosotros somos los que salimos el día primero a las siete de la mañana. Y bueno, compartimos por el cerro. Yo vengo cocinando, atendiendo a los peregrinos”, relató.
El camino no fue sencillo. Los peregrinos atravesaron cerros, precipicios y sectores donde incluso tuvieron dificultades para conseguir agua.
“Hubo tres días que no teníamos agua. Eso es lo que nos preocupaba en el cerro. Teníamos que ir a traer del arroyito el agua para cocinar, para todo”, explicó.
Sin embargo, aseguró que el grupo continúa unido y en buenas condiciones.
“Los peregrinos vienen todos juntos. Gracias a Dios, están viniendo bien”, señaló.
Con el paso por Jujuy, además, se fueron incorporando nuevas personas a la marcha. Por eso, resulta imposible calcular cuántos peregrinos terminarán llegando a la Catedral.
“Desde Jujuy se han sumado más de Santa Victoria y siguen sumando. No sé cuántos llegarán, pero ya no se los puedo contar”, afirmó Trinidad.
Una tradición familiar que lleva 21 años
Mientras los peregrinos avanzaban hacia el límite provincial, del otro lado los esperaba una verdadera red de solidaridad.
Roxana llegó junto a una familia que desde hace 21 años participa de la recepción de los peregrinos.
“Venimos a esperar a los peregrinos de Santa Victoria Oeste. Venimos con una familia mía que ya hace 21 años que vienen haciendo esta actividad. Yo me sumé este año para acompañarlos también”, contó.
Para ella, el Milagro representa esperanza y comunidad.
“Siempre es la esperanza y el vivir en comunidad con Dios, con la Virgen, el pedirles a ellos la ayuda para seguir adelante”, expresó.
La familia llevó pequeñas donaciones, ropa, alimentos y bebidas para acompañar a quienes llevan casi dos semanas caminando.
Este año, además, el operativo cuenta con asistencia sanitaria para atender a los peregrinos, especialmente por las lesiones propias de tantos días de caminata.
Una historia de solidaridad que pasa de generación en generación
Liliana Cardozo contó que la recepción de los peregrinos comenzó como una iniciativa de su madre y que, con el paso de los años, se transformó en un legado familiar.
“Somos una familia que empezó mi madre con esto hace 21 años que venimos asistiendo a los peregrinos”, relató.
La preparación comienza varios días antes: comprar los alimentos, organizar a los voluntarios y preparar todo lo necesario para recibirlos.
“Estamos acá para asistirlos de la mejor manera. Les preparamos las cosas con mucho amor, con mucho cariño. Se lo merecen”, sostuvo.
La lluvia y el frío hicieron que esta vez el café y las infusiones calientes fueran todavía más esperados.
“Les repartimos café, el sándwich, la fruta, también leche y agua fundamentalmente. Llevan su botellita de agua y también anchi. Estamos esperando a los que lleguen, estamos muy ansiosos, un año más”, contó.
Pero detrás de la emoción también hay un recuerdo familiar.
“Todo esto me recuerda a mi madre realmente. Me emociona mucho porque ella nos dejó este gran legado de la solidaridad, del amor”, confesó.
También los jóvenes se suman
La tradición no queda solamente en los adultos. Romina, una de las jóvenes voluntarias, contó que para su familia recibir a los peregrinos se convirtió en un verdadero evento familiar.
“Es algo que lo venimos haciendo en familia. En realidad, es como un evento familiar. Y la verdad es que todos los años emociona un poco más verlos, recibirlos, compartir”, dijo.
La preparación comienza días antes y continúa desde muy temprano el día de la recepción.
“Nos levantamos seis y media, siete, para venir. Pero venimos de días de preparación, de preparar el desayuno, de comprar, de organizarnos, de ver quiénes van a colaborar”, explicó.
Para ella, también es importante que cada vez sean más los jóvenes que se acercan a colaborar.
“Siempre es lindo colaborar con lo que se puede”, destacó.
Una parada para aliviar los pies
La recepción no se limita a ofrecer alimentos. En el límite también se montó un operativo sanitario para atender a quienes llegan después de doce días de caminata.
Darío Tabarcachi, enfermero operativo del área 39 de La Caldera, explicó que este puesto funciona como un primer punto de atención.
“Estamos preparados para esto todos los años y para recibir a todos los peregrinos de allá que vienen tantos días en camino”, señaló.
Entre los problemas más frecuentes aparecen la fatiga física y, principalmente, las ampollas.
“Ya mayormente son físicas nada más”, explicó.
En el puesto realizan una primera atención: lavado, limpieza y curación de los pies. Luego, en un puesto más equipado, se pueden realizar otras intervenciones si fueran necesarias.
“Es como uno de reposo. Hacemos limpieza en sus pies, el lavado primero y hacemos limpieza y curación nada más, hasta llegar al puesto más equipado”, detalló.
A pesar del cansancio, quienes los reciben aseguran que hay algo que sorprende: la emoción de los peregrinos parece imponerse sobre el agotamiento.
“Ellos vienen incluso emocionados para llegar a los pies de la Virgen, al Señor del Milagro”, sostuvo Darío.
Y esa fe también contagia a quienes están del otro lado.
“Gracias a Dios que estamos acá para ayudar a esta gente que viene con tanta fe, tanta fe y que nos contagia”, expresó.
“Ya estamos a pasitos”
Para Trinidad, llegar al límite Salta-Jujuy significa que el final de la travesía está cada vez más cerca.
“Ya estamos ahora a pasitos de llegar. Muchos chicos nuevos”, afirmó.
Después de superar este punto, los peregrinos continuarían hacia La Caldera, donde tenían previsto realizar una nueva parada y almorzar.
La llegada a la Catedral de Salta está prevista para este domingo 13, alrededor de las 17.30, cuando finalmente culminarán los 13 días de esta enorme travesía iniciada el 1 de septiembre.
Trinidad aseguró que su principal pedido es por la salud, la fe y la paz.
“Voy a pedir que todos los de mi pueblo, que el Señor y la Virgen del Milagro nos ponga la fe así en las manos y que todos estén sanos, los enfermos que se sanen. Y también voy a pedir la paz por todo el mundo entero, en especial para los enfermos”, expresó.
Mientras los peregrinos se acercan, en el límite provincial las familias siguen esperando. El frío y la lluvia no pudieron apagar la fiesta de la solidaridad: cada taza de café, cada alimento y cada atención médica forman parte de ese último esfuerzo antes de alcanzar el destino.
Después de recorrer durante casi dos semanas caminos de altura y enfrentar el frío, el cansancio, los precipicios y la falta de agua, los peregrinos de Santa Victoria Oeste ya ven cada vez más cerca la Catedral.
La fe los puso en camino. Y ahora, después de doce días, los últimos kilómetros los separan de su encuentro con el Señor y la Virgen del Milagro.
