Ganó seis títulos con el Xeneize y fue dos veces subcampeón de América con la Albiceleste, además de representar al país en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966.
Una triste noticia impactó al fútbol argentino en la mañana de este sábado 11 de julio: a los 89 años, murió el ex futbolista de Boca Juniors y la selección argentina Antonio Ubaldo Rattín. Ganó seis títulos con el Xeneize y fue dos veces subcampeón de América con la Albiceleste, además de representar al país en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966.
Rattín fue uno de los futbolistas más representativos de Boca y de la Selección: jugó 382 partidos en el club, convirtió 28 goles, ganó seis títulos nacionales y su expulsión en el Mundial del 66 quedó ligada a un episodio que empujó a la FIFA a incorporar las tarjetas arbitrales.
Nacido en Tigre, provincia de Buenos Aires, el 16 de mayo de 1937, Rattín fue futbolista profesional, entrenador y político. Se desempeñó como mediocampista defensivo y se distinguió por su presencia en la mitad de la cancha, sostenida en su estatura de 1,90 metros, su ubicación, tenacidad, control del balón, voz de mando y valentía.
Los medios de su época y los fanáticos lo bautizaron como “el alma de Boca”. Esa identificación se apoyó en una carrera íntegra en el club, una rareza incluso para su tiempo. La dimensión de su trayectoria también se mide por su permanencia: vistió la camiseta azul y oro durante 14 años, surgió de sus divisiones inferiores y en 2015 fue homenajeado con una estatua en el Museo de la Pasión Boquense por su carrera y su lugar en la historia del club.
Rattín ingresó a las divisiones inferiores de Boca en 1955, procedente de Club Atlético Tigre. Debutó en Primera División en 1956, cuando tenía 19 años. Con el equipo xeneize obtuvo los campeonatos de 1962, 1964, 1965 y 1969, además de la Copa Argentina de 1969. El repaso de sus títulos en el club convive con otro dato central de su carrera: fue subcampeón de la Copa Libertadores de América de 1963. Su producción en Boca quedó cerrada en 382 encuentros y 28 goles. Esa cifra lo consolidó como una referencia de una posición en la que el peso del juego no pasaba por la estadística ofensiva sino por el mando y el equilibrio del equipo.
