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Sociedad

Hijo y sobrino de desaparecidos

«Fuerzas Armadas que pasaron por el tamiz de la democracia”.

La entrevista con Hugo Ginzberg giró, en un momento, hacia cuestiones personales que lo han marcado en su vida. “Yo soy hijo de desaparecidos, mi papá y mi mamá, y el trabajo que estamos haciendo acá lo hacemos en colaboración con la Fuerza Aérea”. A pesar de lo vivido en la dictadura militar, el largo proceso de los juicios por los crímenes de lesa humanidad y “muchos años de reclamo permanente de memoria, verdad y justicia”, hoy le permiten tener “una mirada distinta sobre la actualidad de las Fuerzas Armadas”.

Sin pregunta previa, Ginzberg habló del tema. “Acá estamos realizando una tarea conjunta con la Fuerza Aérea, nosotros vinimos acá en un avión Hércules, la gente se vuelve en aviones Hércules, y todo este proceso me lo permiten cuarenta años de memoria, verdad y justicia, y el avance del juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad”. Eso le hace ver “no unas fuerzas armadas que son una continuidad directa de ese proceso de la dictadura sino unas fuerzas armadas que pasaron por el tamiz de la democracia”.

Recalcó que la mirada que tiene hoy es posible por “esa experiencia histórica, única, de los juicios en Argentina que siguen hasta hoy, con todas las limitaciones que puedan tener”.

Señaló también que las Fuerzas Armadas “no dejan de ser una herramienta del Estado, que es el que le pone la orientación en el sentido que deben estar”. Agregó que “cuando hubo un Estado que respondía a los intereses de los grupos más concentrados y necesitaba imponer un modelo económico como el que impuso la dictadura, las Fuerzas Armadas fueron puestas a jugar ese rol. Hoy, un Estado con otra mirada, las pone a trabajar en las tareas de emergencia y hoy la Secretaría de Emergencias del Ministerio de Defensa tiene un rol destacado en todo lo que estamos haciendo”.

“Creo que los juicios por memoria, verdad y justicia son los que permitieron hoy tener unas fuerzas armadas en función de los intereses nacionales”, concluyó.

Aída Leonora Bruschtein, la madre de Hugo Ginzberg, fue asesinada por el ejército en el asalto al cuartel de Monte Chingolo, en diciembre de 1975. Hugo había nacido el 21 de octubre de ese año. Su padre, Adrián Saidón, fue asesinado el 24 de marzo de 1976. Como sus padres estaban clandestinos cuando él nació, nunca pudieron tramitar su partida de nacimiento. Sólo pudieron anotarlo en el hospital donde nació. Fue adoptado por sus tíos, Irene Bruschtein y Mario Ginzberg, quienes lo anotaron como hijo propio. Cuando tenía dos años, Irene y Mario fueron secuestrados y desaparecidos. 

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