Declaró la empleada de la familia desde 2015, quien aportó un testimonio clave sobre la dinámica del vínculo y recordó un episodio de violencia que involucró al imputado José Eduardo “Jota” Figueroa.
En el juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras, este jueves declaró Gabriela Costilla, empleada de la familia desde 2015, quien aportó un testimonio clave sobre la dinámica del vínculo y recordó un episodio de violencia que involucró al imputado José Eduardo “Jota” Figueroa.
Costilla, encargada del cuidado de los hijos durante varios años, describió que el matrimonio llevaba “una vida relativamente tranquila”, aunque marcó diferencias en el último tiempo. Señaló que en los días previos al hecho notó a Figueroa “triste”, con “los ojos llorosos” e incluso “hinchado”, mientras que sobre la víctima afirmó que “estaba bien, contenta”, enfocada en sus estudios universitarios y con proyectos de superación personal.
Uno de los puntos centrales de su declaración fue el recuerdo de un episodio ocurrido en una vivienda anterior, cuando —según relató— el imputado “la zamarreó y la empujó” en medio de una discusión. Según precisó, el conflicto se originó cuando un hombre realizaba trabajos en la casa y el polvo que generaban cayó sobre una cortina, lo que motivó un reclamo de Mercedes. En ese contexto, afirmó que Figueroa reaccionó de manera violenta, la tomó y la llevó hacia el interior del domicilio, en dirección a un sector más privado, como el dormitorio. Al ser repreguntada por la defensa, sostuvo su versión: “Yo juré decir la verdad, él sabe que no estoy mintiendo”.
La testigo también aportó elementos sobre la convivencia en la etapa previa al crimen. Indicó que en esa semana uno de los hijos le comentó que dormía con su madre, lo que evidenciaría que la pareja ya no compartía la habitación. Además, recordó que en una separación anterior advirtió que Figueroa no permanecía en la casa, ya que llevaba su ropa para lavar, lo que le hizo presumir que no dormía allí.
Sobre la jornada del 4 de agosto de 2023, Costilla relató que fue contactada por Alicia, la otra empleada doméstica, quien le preguntó si sabía algo de la pareja. Más tarde recibió el llamado de un policía que le pidió que se presentara en el domicilio del barrio El Tipal en su horario habitual. Al llegar, se encontró con personal del CIF, efectivos policiales y una familiar político del imputado.
En otro tramo de su declaración, evocó situaciones de angustia de la víctima, al señalar que en ocasiones “se quedaba llorando afuera del auto”, aunque destacó que siempre intentaba mostrarse fuerte.
Durante la misma audiencia también declaró Alicia, quien trabajaba en la vivienda de El Tipal desde hacía aproximadamente un año, aunque no aportó precisiones relevantes para la causa.
El juicio continúa con la incorporación de testimonios en un proceso que busca esclarecer las circunstancias del crimen ocurrido el 4 de agosto de 2023.