De Messner a Simone Moro, la comunidad de alpinistas elogia la hazaña de Nepal en el Karakórum.
La comunidad de alpinistas ha bendecido el primer ascenso invernal de la historia en el K2 (8.611 metros), la segunda cima más alta del planeta, protagonizado el sábado por diez nepalíes. Reinhold Messner, Simone Moro, Kilian Jornet, Ferran Latorre o los hermanos Iker y Eneko Pou son algunos de los que han expresado públicamente su alegría por el éxito de Nepal, porque quienes han conseguido la hazaña son trabajadores de alta montaña, currantes de origen humilde que guiando a clientes en el Everest o en otros ochomiles se ganan el sustento y no pocas veces se juegan la vida. En el K2, en Pakistán, han podido asumir el papel principal, han saboreado el triunfo en primera persona. No han sido relegados a meras comparsas.
Es de justicia que la gloria del K2, el último de los 14 ochomiles que faltaba subir en invierno, sea para ellos. Para Gelje Sherpa, Mingma David Sherpa, Mingma Tenzing Sherpa, Pem Chhiri Sherpa, Dawa Temba Sherpa, Mingma G. Sherpa, Dawa Tenzing Sherpa, Kili Pemba Sherpa, Sona Sherpa y Nirmal Purja, el único que no es de la etnia sherpa. Los diez, que pertenecían a tres expediciones diferentes, salieron hacia la una de la madrugada del sábado del campamento 3, a 7.350 metros, y a las cinco de la tarde, a punto de anochecer, pisaban la cumbre. Tras tomar las pertinentes fotos emprendieron sin dilación el descenso hacia los campamentos inferiores. El lunes difundieron una fotografía de todos juntos, en el campo base, saboreando una victoria no exenta de tristeza por la pérdida de Sergi Mingote.
El K2 empodera a la comunidad sherpa y les otorga un plus de merecida notoriedad, aunque el estilo utilizado esté lejos de la vanguardia del alpinismo. Cuerdas fijas a lo largo del trazado y la mayoría con oxígeno embotellado, excepto Nirmal Purja, que a última hora de ayer lunes concretó que no había utilizado esta ayuda.
Para Messner es relevante que Nepal haya pisado el K2 ahora, en el año del centenario de la primera expedición al Everest, la de George Mallory y Edward Norton. “En 1921, los sherpas eran solo porteadores y sirvientes de los británicos que intentaron conquistar el tercer polo”, explica Messner en una entrevista publicada en ‘Alpinisti e Montagne’, de ‘La Gazetta dello Sport’.

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La cima del Karakórum supone para los nepalíes mucho más que un triunfo deportivo. Es una inyección de moral, de autoestima, de reivindicación de su rol en el himalayismo y, también, una valiosa operación de marketing, sobre todo para la agencia Seven Summits Treks, que ya domina el negocio del Everest, y para Nirmal Purja, que en el 2019 finalizó otro reto, subir los 14 ochomiles en solo seis meses y seis días. Con esta tarjeta de presentación se auguran buenos tiempos para su compañía.