Pinturas rupestres en Ablome, Dique Cabra Corral PDF Imprimir
jueves, 24 de abril de 2008

 
Los dibujos fueron realizados hace casi mil años por indios Huachipas, antes de la época precolombina.
Pese a que el dique Cabra Corral ya cumplió 35 años de existencia, todavía nadie tomó cartas en el asunto para proteger las pinturas rupestres de la Quebrada de Ablomé, uno de los grandes patrimonios culturales que tiene esta provincia.

 

Una vez más, la desaprensión de algunos individuos a los que nada parece interesarles, pone en riesgo estas obras de arte, autoría de los indios Huachipas. Los dibujos, realizados en las cuevas más altas de la quebrada, representan las figuras de distintos animales con los que los indígenas se sintieron sumamente atraídos.

En este mismo lugar también se puede disfrutar del ingenio de los Huachipas. Sobre la cueva, realizaron una serie de morteros que según explican los estudiosos, fueron hechos "estratégicamente, alineados con las estrellas y enfrentado al cerro El Fuerte, donde solían hacer los entierros de sus familiares". Futuro incierto

Sin dudas, una de las personas que más luchó por mantener vivo el invalorable legado es Raúl Mahr, propietario de uno de los embarcaderos más antiguos -sino el primero- que se estableció en las costas del dique.
"Es una pena esto que está sucediendo. Vengo aquí casi a diario y por eso noto cuando les hacen daño a las pinturas. Alguien tiene que tomar cartas en el asunto", se lamenta el empresario, mientras recuerda que "yo envié un proyecto a Turismo, pero hasta el momento sólo conseguí que le dieran un número de expediente. Mientras, se sigue maltratando al patrimonio cultural de la zona".
Para llegar a las pinturas rupestres se debe cruzar obligadamente el Cabra Corral. Geográficamente, se encuentran a unos 5 kilómetros al sur del puente.

Daño intencional

En este nuevo ataque, las paredes donde están los dibujos fueron sobre escritas con carbón. También se puede observar que se trató de retirar -mediante un cincel u otro objeto cortante- un pedazo de la piedra que tiene el dibujo de un güanaco. Las paredes de la Quebrada de Ablomé guarda no sólo el legado prehispánico, sino también el daño producido por el hombre blanco.
Tal parece que las generaciones futuras de salteños y visitantes que quieran llegar hasta el lugar sólo hallarán inscripciones de amor, tales como "Martín te quiero", o algunos trozos de piedra que fueron arrancados, quizás, para ser utilizados como adorno o centro de mesa.
Lamentablemente, el daño no es la única causa del deterioro que muestran las pinturas rupestres. Al no existir un organismo -público o privado- que se encargue de mantenerlas (lo ideal sería una persona especializada) el color se empezó a perder. Usualmente, los autores utilizaban colores vivos para sus expresiones culturales, como el blanco, el rojo y el negro.
Muchas de las pinturas se relacionan con la cultura Santamariana que apareció entre los años 900 y 1.000 después de Cristo, aunque otras datan de sociedades aún mas antiguas.

Características

A tan solo 70 kilómetros de la capital salteña, la Quebrada de Ablomé atesora pinturas rupestres que se mantuvieron en un asombroso estado de conservación y que tienen un inapreciable valor cultural por sus características.
Las pinturas rupestres están realizadas con gran meticulosidad y representan, en su mayoría camélidos americanos, y hasta ciervos. El animal que aparece con mayor frecuencia es la llama (se puede apreciar decorada con guardas geométricas en blanco y también en color negro), que debió tener un papel preponderantemente económico dentro de los grupos que habitaban la zona, especialmente aquellos cuya economía era agro pastoril.
Otros animales representados son suris y felinos. Pero es importante tener en cuenta que, si bien casi el 80 por ciento son representaciones de animales, hay también representaciones de hachas, escudos y formas humanas.
Algunos dibujos fueron pintados en la cara Sur de una gran piedra que tiene alrededor de 4 metros de altura. La mayoría se distribuyen en dos aleros altos y el resto está distribuido en aleros bajos, a unos 50 centímetros de altura.
En cuanto a los colores, se puede decir que los artistas usaron constantemente el blanco, rojo y negro, aunque parecen también el amarillo y el verde (estos dos últimos suelen estar menos conservados). El soporte rocoso es conocido como "formación pirgua" y se trata de areniscas poco compactas, de color rojo ladrillo, del período cretácico.
Existe la teoría de que, por la vecindad geográfica, las formas y los colores usados, su autores podrían estar vinculados también a las figuras de las Cuevas Pintadas de Guachipas.

Toda una aventura

Saliendo desde la costa del dique Cabra Corral, se llega en 45 minutos hasta la Quebrada de Ablomé. El viaje es mágico, tanto, que transporta al visitante a un mundo de aventuras pocas veces imaginadas.
En el camino se pueden avistar cientos de especies de aves, insectos y -si se tiene suerte- tortugas acuáticas. Es muy común también que algún pejerrey se acerque hasta la superficie para alimentarse.
Una vez que se arriba a la costa, hay que poner bastante empeño y voluntad para escalar los cerros y llegar hasta las cuevas, donde se encuentran las creaciones indígenas.
La vegetación del lugar es bastante tupida, por lo que se recomienda a quienes deseen llegar al lugar estar acompañados por un guía que conozca la zona. Algunos peñascos dificultan el acceso pero no es nada del otro mundo. La primera imagen que se puede observar es la de "El Indio", que simboliza a los Huachipas.
También se ven a lo largo de los gráficos las representaciones de los animales más comunes de la zona mientras residían allí: pumas, güanacos, monos y aves.
En lo que sería la "terraza" de las cuevas, hay una serie de morteros hechos en la piedra que estarían alineados con los astros. Se cree que allí se realizaban sacrificios de animales.
Los Huachipas creían que en el cerro El Fuerte habitaban sus ancestros, con formas de cóndores.

Fuente: destinoexotico.com 

 
< Anterior

Sponsors