Autostop: la hospitalidad como medio de transporte PDF Imprimir
martes, 20 de mayo de 2008

Por Cecilia Hauff
Si buscamos en Internet referencias sobre el término autostop nos sorprenderemos de la cantidad de material publicado sobre un mito y la fantasía que se desprende del mismo. En primer lugar veremos que aparece, tanto en los buscadores como en el imaginario colectivo, una conocida leyenda urbana: la de la mujer bella que aparece junto a la ruta de manera misteriosa pidiendo un aventón y que luego resulta ser un fantasma; lo que suceda después, el desenlace del relato, varía tantas veces como narradores hay. Por otro lado, la fantasía que se desprende de esta leyenda es la versión erótica o porno de la historia, ya no se trata de una bella y misteriosa dama la que eleva el pulgar en la banquina, sino de una sensual y extrovertida muchacha de dotes voluminosas que promete cumplir los deseos de cualquier conductor generoso…

 

Sin embargo, los verdaderos autostopistas –como dicen los que manejan la jerga- no son auténticos fantasmas, aunque a veces el cansancio y el polvo de los caminos realmente los haga lucir como tales; ni mucho menos estrellas porno –aunque todavía podría demostrarse lo contrario-. Más bien, se trata de personas con ganas de conocer a otras personas y los lugares donde habitan, sus formas de concebir al mundo y de relacionarse con él, sus costumbres, sus historias y mucho más. Otra razón bastante frecuente por la que los amantes de los viajes eligen el dedo pulgar como medio de transporte es el ahorro. Digamos que son combinaciones interesantes: un vínculo genuino con la gente del país, una buena dosis de aventura y poco margen de gastos.

Hay que tener en cuenta que no cualquier viajero está en condiciones de salir a recorrer el mundo en autostop o a dedo. No es que uno deba tener ciertas aptitudes físicas o mentales, más bien creo que lo que hay que tener son ganas, interés y valor. A mucha gente, hombres y mujeres, les da miedo, y es normal pues se supone que se corren riesgos de todo tipo. Pero es más frecuente que le ocurra un infortunio a alguien viajando en su propio vehículo o en medios de transportes públicos; de todos modos, siempre estamos expuestos a cualquier peligro, ¿o no? Por eso el temor es una barrera poco convincente cuando el interés es mayor. Mi plan no es instigar a nadie con la idea de que el autostop es la mejor manera de viajar, simplemente me motiva dar a conocer que hay muchas personas que realmente disfrutan de realizar estas extraordinarias travesías.

Los menos expertos se preguntarán si existe un manual para principiantes. Por supuesto, en Internet sabemos que se encuentra de todo. Conozco una comunidad de mochileros que elige viajar a dedo y que organiza encuentros en diferentes lugares, incluso competencias de carretera, se trata de Autostop Argentina donde además hay consejos para novatos, foros para buscar compañeros de viaje y poder aclarar las dudas, y enlaces a sitios interesantes en otros idiomas. La verdad es que, leyendo las experiencias de los autostopistas  -o patas de perro, como dicen en Ecuador- que publican sus relatos, uno se entusiasma y dan ganas de salir lo antes posible a las rutas a probar suerte. Por ejemplo, es el caso del blog de Juan Villarino, un Acróbata del Camino que ha viajado por Europa, Asia y Sudamérica a dedo, allí no sólo encontrarán sus experiencias con imágenes de los camino recorridos, sino que también se promociona un libro que relata su paso por Irán, Irak y Afganistán. Navegando por los foros uno se sorprende al descubrir que no sólo hay jóvenes, también hay gente  mayor y, además, muchas mujeres que viajan siguiendo esta modalidad. Algunas incluso se animan a viajar solas, es el caso de una colombiana que también ha relatado sus peripecias en un blog: Angélica por Suramérica.  También hay que tener en cuenta que muchos estudiantes universitarios y trabajadores que necesitan transladarse de un poblado a otro, todavía usan este sistema para viajar pero por necesidad o carencia, ya que no gastan el dinero del pasaje, al menos en Sudamérica se lo ve muy seguido.

Si todavía no logré persuadirlos con estos datos, puedo comentarles sobre mis experiencias e impresiones. Nunca he viajado a dedo sola y creo que no tengo el valor suficiente para hacerlo, siempre lo hice en pareja, que parece ser lo ideal en todo sentido. Al principio tenía mucho temor de trepar cualquier vehículo, sobre todo me daban miedo los camiones, pero luego de viajar por Argentina, Chile, Perú y Ecuador, nos encontramos con tanta gente amable e interesante que muy pronto cambié de idea. Realmente es una de las maneras más impactantes de conocer un país porque permite lograr vínculos más estrechos con las personas que te transportan, uno puede conversar de temas tan variados con gente tan diferente que verdaderamente siente que se acerca uno más al imaginario colectivo de cada lugar. Se aprende muchísimo y la hospitalidad deslumbra. Tanto es así que usar el dedo como medio de transporte pasando de un país a otro te permite notar las diferencias culturales y económicas entre países. Por ejemplo, en Chile nos resultó muy fácil viajar a dedo teniendo en cuenta los tiempos de espera y los vehículos modernos y confortables que se detenían para llevarnos. En Perú es más difícil porque no hay muchos automóviles particulares circulando por las rutas, lo más probable es que sólo se viaje en camiones, lo que hace que los trayectos sean mucho más lentos. Se cruza a Ecuador y de nuevo notamos un cambio, el flujo de automóviles aumenta notablemente y la gente es muy amable y hospitalaria, excepto en zonas de selva donde los conductores se muestran menos predispuestos a llevar a desconocidos.

Y si al viajero todavía le interesa ahorrar más dinero y conocer mejor a la gente local puede recurrir a los sitios que intercambian hospitalidad en todo el mundo, los más populares son Hospitalityclub y Couchsurfing; allí encontrarán personas dispuestas a alojarlos en sus casas con un sistema de testimonios que da cierta confianza a los usuarios.

Lo más divertido de realizar este tipo de viajes es el constante juego con el azar, la incertidumbre de no saber dónde se pasará la noche ni quién será el gentil conductor que nos llevará ni cuánto tiempo hemos de pasar junto a la ruta ni en qué condiciones... Y cosas así. Por lo que es aconsejable contar con tiempo suficiente.

Ya sabemos, gracias a Machado y Serrat, que caminante no hay camino, se hace camino al andar... También hay una canción muy bella de Jorge Drexler que a esta altura nos parece un himno y que dice: no hay nada como tu amor como medio de transporte. Con este ritmo les dejo la tarea de seguir descubriendo nuevas maneras de conocer el mundo y de programar su próxima aventura, aunque ésta sólo consista en elevar el pulgar con un cartelito que indique el nombre del pueblo contiguo a 20 kilómetros de su lugar de residencia. Por algo hay que empezar…

Fuente: destinoexotico 

 
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